miércoles, 17 de abril de 2013

EL COMPAÑERO DE TRABAJO


Aunque este blog lo he abierto para personas enteramente bisexuales, esta historia es de un chico gay que me relato su historia, estoy abierto a todas las formas de preferencia sexual, más en aquellos casos que tienen que ocultar su situación.
Benito, es un chico gay de los que podemos llamar de closet y lo era por las experiencias que le ocurrieron muy cercanas. Una de sus experiencias era que provenía de una familia súper conservadora, católica y radicalmente opuesta a todo tipo de nueva tendencia sexual actual. Su hermana se embarazó siendo soltera lo que ocasiono que sus padres la echaran de la casa y no  volvieron a saber de ella. El se mantiene en contacto pero para sus padres es como si estuviera muerta. Un primo se declaró abiertamente gay y de tendencia travesti, a partir de ese momento nadie de su familia pudo entrar a la casa de los padres de Benito; incluso le prohibieron el trato con cualquiera de ellos. Benito vive en el silencio por el miedo a ser juzgado y perder el vínculo con sus padres que tanto ama. Para los vecinos es el hijo modelo, siempre atento a las necesidades de su familia y que nunca ha provocado problemas ni escándalos. Se le habían conocido solo dos novias pero nunca nada serio. Nadie se imagina lo que sufre en su interior.
Su trabajo dentro de una empresa de comercio de insumos para la industria de las artes gráficas le mantenía ocupado casi todo el día, llevaba 5 años trabajando en ese lugar y había tenido unos cuantos ascensos pero nada de importancia. En la misma área trabaja Martín de 29 años, solo un año más grande que Benito de 28. Desde que entró a trabajar en la misma área, unos tres años antes, Benito se enamoró de Martín, aunque sabía que era totalmente heterosexual, mantenía su admiración por él. No era el chico de gimnasio pero se mantenía delgado y en buena forma, una piel apiñonada y con un pelo negro bien cortado pero abundante le hacía verse más llamativo tanto para las compañeras de trabajo como para Benito; Martín era el clásico galán de la oficina que cambiaba seguido de chica, en los tres años que llevaban juntos, Benito le conoció dos novias formales y muchas chicas ocasionales, una de ellas trabajaba en otra área de la misma empresa. Benito se hizo amigo de ella y supo que Martín era bueno en la cama, pero no pudo preguntar más por guardar las apariencias. En algunas ocasiones habían coincidido en fiestas de la empresa y de algunos compañeros, donde noto que Martín casi no tomaba, pero cuando lo hacía no controlaba su comportamiento.  Todos los días vestían de traje por lo que a pesar de verse hermoso no podía ver nada más. En alguna reunión  le había visto de jeans y de camisa con mangas cortas lo que le hizo darse cuenta que los tenía los brazos muy velludos e imaginó que el resto del cuerpo estaría igual.
La oportunidad de intimar un poco más llegó cuando la empresa asistiría a una expo en la que mostrarían sus productos, colocarían un stand en el evento, Benito y Martín fueron elegidos para ir a Monterrey para atender el puesto. Anteriormente Benito asistió a otras expos, pero con otros compañeros que no le entusiasmaban nada o que incluso le repugnaban; había compartido las habitaciones del hotel con ellos pero nada que le gustara. Ahora era diferente, la idea de poder admirar y estar más de cerca a Martín le emociono mucho. 
Sin ningún problema ambos planearon el viaje, un equipo se había adelantado para colocar el stand, ellos solo lo atenderían.
El viaje en avión fue tranquilo, al llegar tomaron el taxi para dirigirse al hotel. Benito se moría de ansias por estar ya en el cuarto a solas con su amor platónico. Al llegar Martín se dirigió a la recepción e hizo los trámites correspondientes. La sorpresa fue cuando vio que llevaba dos llaves (tarjetas).
-Ese Juanito (el contador) sí que se lució esta vez- dijo Martín- nos consiguió dos cuartos y de los mejores.
-Ah que bien- dijo Benito ocultando su decepción.
Le entrego una de las tarjetas y cada quien se dirigió a su cuarto uno junto al otro, ambos tenían una excelente vista a la ciudad y la cerro de la Silla.  Benito se sentía decepcionado por tan mala jugada del destino, en otras ocasiones había tenido que soportar las imágenes de hombres gordos, viejos y nada atractivos y esta vez que la ocasión lo ameritaba le daban un cuarto separado.
Después de la cena se despidieron y solo se vieron hasta la mañana siguiente. Después del desayuno se dirigieron a la expo, serían tres días de atención al público y presentar sus productos. Los días pasaron y nada de interés, charlas vacías, poco interesante, no había mucho tiempo para socializar, tenían que atender al publico y promover la marca. Comían por separado ya que la afluencia de gente era mucha, solo en la noche podían hablar de algo sin importancia y después irse a dormir cada quien en su habitación.
Termino la expo y decidieron festejar, la cosa se ponía mejor, habían hecho amistad con otras personas que también participaron en la expo, por lo que todos decidieron salir a un bar antes de irse, ellos habían decidido salir al mediodía de siguiente.
En el bar pasaron las horas, un buen ambiente, Benito tomo la precaución de no tomar demasiado, recordó que Martín no controlaba su consumo de alcohol y así paso.
Martín comenzó a tomar de más, poco a poco los otros se fueron retirando. Martín se perdió, Benito se disculpó por ambos con los pocos que aun quedaban, tomo a Martín por el brazo y lo guio hacia la salida y de allí al hotel que estaba cerca. Al llegar los empleados los vieron entrar pero no se inmutaron al ver la condición de Martín, subieron hasta sus habitaciones. Benito entro al cuarto de Martín y lo llevo hasta la cama.
Allí lo vio tan inconsciente, que permaneció unos momentos admirándolo así, en la cama totalmente perdido. Le llamo por su nombre y le movió su hombro… no hubo respuesta, estaba totalmente perdido. Ya se retiraba cuando volteo a verlo de nuevo. Hermoso, perdido… indefenso. ¡Indefenso! Pensó.
Se acercó de nuevo le admiró. Martín vestía igual que él, una camisa polo negra con el logo de su empresa así como pantalón de vestir del mismo color. Se atrevió por primera vez a acariciar sus brazos velludos. Martín no hizo ninguna seña de darse cuenta de eso. Nervioso continuo, acaricio su pecho sobre la ropa, bajo y acaricio todo su cuerpo de igual manera con ropa. Temblaba quizás de nervios, pero más de deseo y placer. Nunca pensó estar en una situación parecida.
Martín, Martín- le llamo y movió un poco.
Martín no hizo ninguna señal de estar consciente de lo que pasaba.
Benito tomo valor y pensó.
-Nunca volveré a tener otra oportunidad-
Tomó a Martín, acomodándolo de la mejor forma. Le quito los zapatos, y los calcetines, acaricio y beso sus pies. Subió y llego hasta su torso, con mucho cuidado levanto la playera y vio su abdomen velludo, le acarició por debajo de la playera, Martín seguía dormido. Desabrocho su cinturón y su pantalón, dejo ver por primera vez su ropa interior, un calzoncillo de licra azul. Benito tomo su celular y fotografió ese momento. Pensó en retirarse ya que estaba muy nervioso y creyó que ya era suficiente pero el deseo volvió a ganar. Tomo a su compañero y levantándolo con mucho cuidado le quito totalmente la camisa, ahora admiraba su pecho y abdomen desnudos, la vellosidad era moderada, acaricio por un momento, beso sus rosadas tetillas. Bajo hacia su ombligo, no había reacción alguna. De igual manera quitó el pantalón, se notaba un paquete muy grande. Volvió a tomar una foto, no podía desperdiciar la ocasión.  ¿Sería bueno seguir? ¿Estaba bien hacer esto? ¿y si despertaba?
Benito tomo valor y continuo, toco su paquete, se sentía grande a pesar de estar cubierto por ese calzoncillo. Tomo los costados de su ropa y lo fue bajando lentamente, apareció una mata de vello abundante, y salto ante su mirada un miembro grueso y grande pero aun en reposo. Sus testículos caían rosados entre sus piernas. Volvió a fotografiar esa vista.  Dudaba hasta donde podía llegar. Continuo tocando cada parte de él. Acaricio su vello, sus testículos todo con mucho cuidado, tratando de no ser brusco y provocar que se despertara. Tomo su miembro con la mano, sintió su textura y forma, lo froto, comenzó a notar que tomaba una dureza ligera, siguió hasta que se levantó totalmente. No soportando más llevo su boca hacia ese miembro ahora duro. Martín seguía perdido. Beso toda la extensión de arriba y abajo. Con insistencia volteaba a ver el rostro de Martín para ver si había alguna reacción. Tomo otra foto de ese miembro erecto, no quería olvidar tan placentero momento. Viendo que no había reacción metió toda esa masa de carne en su boca. Lo succiono, por varios minutos, ya no había marcha atrás, si despertaba soportaría todo lo que pasara pues ya estaba en esto. Después de un rato de tenerlo dentro de su boca, noto como si su cuerpo se estremeciera, saco el miembro de su boca pensando que se había despertado, la sorpresa fue que el estremecimiento era porque Martín a pesar de su condición se vino, eyaculo con abundancia, Benito volvió a fotografiar. Tomo con sus manos ese líquido caliente, lo saboreo con su lengua. Se dio cuenta que él también se había venido dentro de su ropa. Más tranquilo tomo varias imágenes más, limpio a su amado con una toalla, y por seguridad le coloco de nuevo su ropa interior. Apago las luces y salió de allí, regreso a su habitación. No pudo dormir pensando en lo que había vivido. Volvió a excitarse con las fotos que tenía guardadas. Se masturbo varias veces pensando y admirando las imágenes, cuando pudo dormir casi amanecía. Se despertó cuando Martín toco a su puerta, ya se había arreglado.
-Vaya si también te dio duro la borrachera- le dijo
-Si algo, no me di cuenta de la hora- tratando de no ser tan obvio por lo ocurrido- y a ti ¿también te pego?
-ujule, durísimo, con decirte que no me acuerdo como llegue a mi cuarto-
-¿ah si?- trato de saber más- yo solo recuerdo que te deje en la puerta de tu cuarto
-si, pues con decirte que ni cuenta me di de como que quite la ropa- dijo sonriendo
-no, pues si que te dio duro- sonrió de forma picara Benito
Mientras Benito se arreglaba, Martín se adelantó al restaurant del hotel. Más tarde tomaron el vuelo de regreso.
Ambos siguen trabajando en la misma empresa y la misma área, Martín nunca supo lo que paso esa noche. Con el tiempo Martín tuvo un hijo aunque sigue soltero, Benito sigue viviendo su infierno de permanecer oculto porque así prefiere hacerlo. Las fotos solo pertenecen a Benito que las conserva para sí mismo y no las muestra, al contarme su historia solo me enseñó una del rostro de Martín.

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